LA HISTORIA
El char-à-bancs es un carruaje de caballos abierto cuyo nombre, tomado del francés, significa literalmente "coche con bancos". Se lo reconoce de inmediato por sus filas de asientos corridos dispuestos de frente, pensadas para llevar grupos numerosos, y por una silueta que lo separa de cualquier otro coche de su tiempo.
Nació en Francia hacia la década de 1830 como vehículo deportivo de la aristocracia, favorito en las carreras de caballos y en las partidas de caza, donde servía de tribuna móvil. Su prestigio cruzó pronto el Canal de la Mancha: el primer ejemplar llegado a Gran Bretaña fue un obsequio del rey Luis Felipe de Francia a la reina Victoria, y todavía se conserva en las Reales Caballerizas de Londres.
Montaba dos o más filas de bancos transversales orientados hacia adelante, un asiento trasero algo más bajo para el mozo de cuadra y, casi siempre, un baúl de listones para el equipaje. De él tiraba un tronco de cuatro caballos —el célebre "four-in-hand"— o una pareja enganchada a la lanza. La versión "corta", como la de esta sala, recortaba el número de filas para un uso más ligero; el ejemplar del museo es un coche negro de cuatro ruedas, acompañado por un caballo de utilería, reproducido con fidelidad hacia finales del siglo XX.
Andando el tiempo se le sumaron bancos y se abarató, hasta volverse el coche predilecto de las excursiones escolares y de las salidas de fábrica al campo o a la playa. De ese linaje festivo tomaría su nombre el primer autobús turístico a motor, que en la Inglaterra de los años veinte seguía anunciándose, sin más, como "charabanc".