Ford Falcon 1972
Para que este muro no parta vacío, así se ve el recuerdo que buscamos: el auto, el año, y lo que pasó a bordo.
— tarjeta de ejemplo
No un museo de autos: la historia de un país contada a través de las máquinas que lo surcaron.
La Fundación Lira reunió, durante décadas, los vehículos que motorizaron la vida chilena a lo largo del siglo XX. En 2010 —el año en que Chile cumplió doscientos años de independencia— esa colección privada abrió sus puertas como el Museo de Autos Antiguos Chile: doce mil metros cuadrados, más de setenta y cinco marcas y más de trescientos vehículos bajo un mismo techo. Esta página se está escribiendo junto al museo; los hitos de abajo son un primer borrador de esa crónica.
El Ford Runabout de 1924 es el vehículo más temprano de la colección: el punto de partida de un siglo sobre ruedas.
Microcoches, station wagons y sedanes de todos los días: la década en que el automóvil dejó de ser un lujo para entrar en la vida cotidiana.
En el año del bicentenario, la colección de la Fundación Lira abre al público en Quilicura: 12.000 m², una pista de paseo de 3.600 metros y salas ambientadas que devuelven la vida a cada época.
Más de trescientos vehículos, muchos aún en marcha, y una misión social: las donaciones financian visitas guiadas para hogares de ancianos y niños vulnerables.
Casi toda familia chilena tiene un auto en la memoria: el que los llevaba al litoral cada febrero, el que el abuelo nunca quiso vender, el que llegó a la casa el día que nació alguien. Deja aquí ese recuerdo —de forma anónima, si lo prefieres— y pasará a formar parte de la crónica del museo.
Para que este muro no parta vacío, así se ve el recuerdo que buscamos: el auto, el año, y lo que pasó a bordo.
— tarjeta de ejemplo
Bastan dos o tres líneas. Lo que importa no es la máquina, sino la vida que ocurrió dentro de ella.
— tarjeta de ejemplo
La tuya puede ir firmada o anónima. Las dos son igual de bienvenidas en este muro.
— tarjeta de ejemplo