LA HISTORIA
El dog-cart es un carruaje deportivo de dos ruedas, tirado por un solo caballo entre varas, que debe su nombre a los perros de caza que solía transportar. Nació en la Inglaterra rural como el vehículo predilecto de cazadores y hombres de campo, y este ejemplar del museo data de finales del siglo XIX.
Apareció hacia 1817 como una evolución del gig, el liviano coche de dos plazas. La novedad fue ofrecer más asientos sin renunciar a la ligereza: su rasgo distintivo era un cajón bajo el pescante con costados de celosía, unas persianas de madera que ventilaban a los sabuesos escondidos dentro mientras el amo conducía rumbo a la jornada de caza.
Cuatro personas viajaban sentadas de a pares, espalda contra espalda, en la disposición que los franceses llamaban dos-à-dos. Una tabla trasera abatible, sujeta por cadenas, bajaba apenas para servir de reposapiés a los pasajeros que iban de cara al camino. Sin techo ni lujo, todo en él respondía a la vida al aire libre.
Tan práctico resultó que no faltó en ninguna casa de campo británica y sobrevivió con dignidad hasta bien entrada la era del automóvil. Arthur Conan Doyle lo hizo aparecer una y otra vez en las aventuras de Sherlock Holmes: era el coche que anunciaba la llegada de un visitante inesperado.