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Fardier à vapeur de Cugnot 1769

Salón Principal

LA HISTORIA

El Fardier à vapeur de Cugnot es, para muchos historiadores, el primer automóvil de la historia: un pesado triciclo movido por vapor que rodó por su propia fuerza cuando el mundo aún se desplazaba a lomo de caballo. El ejemplar del museo es una réplica fiel del original ideado por el ingeniero militar francés Nicolas-Joseph Cugnot.

La máquina nació de un encargo del ejército francés, que buscaba arrastrar cañones y artillería pesada sin recurrir a caballos. Cugnot construyó un primer prototipo a escala en 1769 y, al año siguiente, una versión de tamaño completo que presentó ante la corte de Luis XV.

Su mecánica anticipaba, de forma rudimentaria, todo lo que vendría después. Una enorme caldera de cobre colgaba sobre la única rueda delantera, que hacía las veces de motriz y directriz; dos cilindros alimentados por vapor empujaban los pistones y, mediante un sistema de trinquetes, transmitían el movimiento, e incluso permitían la marcha atrás. El conjunto pesaba unas 2,5 toneladas y estaba pensado para transportar hasta cuatro, aunque apenas alcanzaba los 4 km/h y debía detenerse a menudo para recuperar presión.

De aquel invento nace también una leyenda: en 1771 el fardier habría chocado contra un muro, lo que algunos consideran el primer accidente automovilístico registrado. El original se conserva desde 1800 en el Musée des Arts et Métiers de París.

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