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Penny Farthing 1870

Salón Principal

LA HISTORIA

La Penny Farthing, conocida también como "el Ordinario" o velocípedo de rueda alta, luce una de las siluetas más reconocibles del siglo XIX: una desmesurada rueda delantera que arrastra a una diminuta compañera trasera. Convertida en emblema de la era victoriana, encarna el momento en que la bicicleta dejó de ser una curiosidad para volverse una máquina de velocidad.

Su historia arranca en Francia: en 1869 el parisino Eugène Meyer patentó la rueda de radios de alambre a tensión, la pieza que hizo posible el diseño. Poco después, en Coventry, el inglés James Starley perfeccionó la idea y patentó su modelo "Ariel" el 11 de agosto de 1870, la primera bicicleta enteramente metálica que llegó con éxito al mercado, en 1871.

Su mecánica era de una simplicidad audaz. Los pedales iban fijos directamente al eje de la rueda delantera, sin cadena ni cambios; a mayor diámetro, mayor distancia por pedalada. Por eso la rueda motriz crecía hasta cerca de 1,5 metros —según la estatura del ciclista—, mientras la trasera apenas alcanzaba medio metro. El cuadro era de tubo de acero hueco, con radios de alambre, llantas de caucho macizo y rodamientos a bolas.

El nombre nació de dos monedas británicas: el penique, grande, guiando al pequeño cuarto de penique (farthing). Encaramado sobre el eje delantero, el ciclista vivía bajo la amenaza del temido "header", la caída de cabeza por encima del manillar ante el menor obstáculo.

Reinó apenas dos décadas. La bicicleta "de seguridad" con transmisión por cadena y el neumático de aire de Dunlop la volvieron obsoleta, y hacia 1893 ya nadie la fabricaba.

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