LA HISTORIA
El velocípedo es el antepasado directo de la bicicleta: una máquina de dos ruedas en línea, sin pedales ni cadena, que el conductor impulsaba empujando el suelo con ambos pies. Este ejemplar es una réplica del modelo construido en 1818 por el francés Nicéphore Niépce, el mismo pionero que años más tarde obtendría la primera fotografía de la historia.
El invento original no fue suyo. En 1817, el barón alemán Karl von Drais presentó en Mannheim su "Laufmaschine" o máquina andante, un armazón de madera con manillar orientable. Cautivado por el aparato, Niépce construyó su propia versión en 1818 y acuñó para ella el nombre que la posteridad conservaría: "vélocipède", del latín "pies veloces".
Su aporte fue tan simple como decisivo: un sillín ajustable que permitía acomodar a conductores de distinta estatura, la primera mejora reconocida sobre el diseño de Drais. Fabricada íntegramente en madera, la máquina pesaba alrededor de 22 kilos y solo rodaba con soltura por caminos firmes y bien cuidados.
Niépce causó sensación recorriendo los caminos rurales de su comarca sobre el velocípedo. En cartas a su hermano Claude llegó incluso a imaginar dotarlo de un motor, anticipando en casi un siglo la idea del ciclomotor.